«Reflexiona»

         

 

         El sol brillaba en lo alto, reflejándose sobre los grandes ventanales que cubrían los edificios de la ciudad. Hacía una mañana primaveral, y un trasiego de personas iban y venían por las saturadas aceras de las principales avenidas. Yo había quedado con un cliente para comer, y me dirigía hacia el aparcamiento subterráneo donde diariamente estacionaba mi coche. Mientras cruzaba el parque que había enfrente de la oficina, un confortable aroma de flores me hizo suspirar profundamente, deteniéndome para poder apreciar mejor el momento. A mi lado, dos ancianos comentaban la última subida de impuestos, y un poco más lejos, un grupo de niños jugaban con una desgastada pelota verde y una portería dibujada con sus mochilas.

           Llegué hasta la entrada del aparcamiento contemplando el soleado día antes de empujar la puerta acristalada y entrar. Como lo tenía aparcado en la cuarta planta, y no me apetecía bajar por las escaleras, me detuve enfrente del ascensor.
Mientras esperaba a que este subiera, una silueta se colocó detrás de mí, notando por el perfume que se trataba de una mujer. Se abrió la puerta y ambos entramos colocándonos uno a cada lado. Como yo estaba en el lado de los botones, le pregunté cortésmente a qué planta se dirigía ella, y de una forma seca e indirecta contestó:

         – A la cuarta.

         Apreté sobre el deteriorado botón con el número 4, y este se iluminó poniendo en marcha el ascensor. Mientras bajábamos, giré con disimulo la mirada hacia su lado, y lo primero que vi, fueron varias bolsas de unos grandes almacenes que ella sujetaba con ambas manos. Después, alcé la cabeza para poder verle la cara, y a pesar de unas enormes gafas de sol que aún llevaba puestas, pude apreciar que era una chica muy atractiva. Ella permanecía inmóvil, con sus ojos clavados en la puerta de enfrente como si le resultase incómoda esa situación. Volví a girarme sin darle más importancia y me disponía a buscar las llaves del coche en los bolsillos cuando de repente, una leve sacudida detuvo el ascensor dejándonos con la escasa iluminación de las luces de emergencia.

         – Joder, ¿Qué ha pasado?, preguntó ella con una voz nerviosa.

        – No te preocupes, que no es nada, le respondí intentando tranquilizarla un poco.

        – No es la primera vez que me pasa esto, vamos a esperar un poco, y si no se arregla, llamamos al servicio técnico.

         Pasaron varios minutos, y ella dejó las bolsas en el suelo para poder mirar su reloj. Viendo que cada vez estaba más inquieta, me acerqué hasta el cuadro y pulsé sobre el botón rojo con la palabra “alarma” escrita en su interior, encendiéndose una pequeña luz dentro de este. Con voz despreocupada le comenté que no tardarían en venir a sacarnos de allí, y ella volvió a mirar su reloj murmurando algo sobre una cita.
Pasaron algunos minutos más, y como ella no soltaba una palabra, decidí romper yo el hielo y preguntarle qué tal había pasado el día. Me miró a la cara y con un tono malhumorado me contestó:

         – Pues bastante mal, llevo toda la mañana corriendo de un lado para otro preparando la boda y ahora para colmo esto.

Volvió a mirar su reloj y continuó:

          – Joder, ya llego tarde.

          – Vaya, ¿Te casas? Le pregunte, a lo que me respondió con un seco y rápido sí.

Siempre he pensado que una boda era algo para disfrutar y compartir tu felicidad con los seres queridos, pero viendo el stress que llevaba esa chica, más bien parecía que esa boda formaba parte de su trabajo. Como tampoco se me ocurría otra cosa, y no parecía estar muy dispuesta a mantener una conversación, simplemente la felicité, aunque más por cortesía que por sinceridad. Después, le sugerí que debía relajarse un poco, puesto que de todas formas, tampoco podíamos hacer nada más que esperar hasta que vinieran a sacarnos de allí. Ella resopló mientras se apartaba el pelo de la cara, y se apoyó en la barra de acero que había a la altura de la cintura. Intercambiamos alguna frase suelta más, y después, nos quedamos en silencio mirando cada uno hacia un lado.

          En ese mismo momento, encima de nosotros, la ciudad se consumía en llamas provocadas por la caída de una cabeza nuclear en la base aérea que se encontraba a varios kilómetros del lugar.

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